PICO Y PALA Y BUEN JUEGO

Posted by : Mistica de un Leon | domingo, 16 de mayo de 2010 | Published in

Rodrigo Braña siente los colores como propios. Llegó en el 2005 de la mano de Mostaza Merlo y desde aquel entonces, no paró de crecer con la camiseta albirroja. En Estudiantes supo compartir la mitad de cancha con jugadores como Adrián “El Polaco” Bastía y el chileno Rodrigo “Kalule” Meléndez. Ese mediocampo, utilizado por Mostaza, era combativo por donde se lo mire y el buen juego brillaba por su ausencia.


Desde sus comienzos en el pincha, Braña supo evitar la promoción y pelear campeonatos, incluso fue él quien puso a Estudiantes en la punta del Clausura con un gol frente a Almagro para el 3 a 2 a poco de finalizar el partido y con un tiro desde afuera del área. Fue un 30 de abril del 2005, una tarde de sol y Martín Bernacchia lo sufrió en carne propia bajo los tres palos del arco de 55.
Con el correr de los meses se ganó el cariño de la gente y con Jorge Burruchaga como técnico, se consolidó como el “5” titular de Estudiantes de La Plata. Un mediocampista central aguerrido, de baja estatura pero de un temple impresionante, que supo pelearla en el ascenso con Quilmes y llegar a disputar una final del mundo contra el Barcelona de Messi.
Con la llegada de Juan Sebastián Verón en el 2006, Braña encontró al compañero ideal. A su juego habitual de meter y correr le agregó panorama y distribución de pelota y eso con los años se notó mucho más. Jugar con el máximo ídolo de la historia del club le sumó calidad, a la garra y entrega que lo caracteriza en cada partido.
“Venir de jugar en el Ascenso y salir campeón de Primera es algo que se ve muy lejos”, contó alguna vez. El destino le tenía preparado otra cosa. Con la llegada de Diego Simeone en el 2006, el equipo con la Bruja a la cabeza, se colocó la corona de campeón del torneo Apertura al derrotar a Boca en una final que marcó el inicio de una era en el club.
Con su primera estrella en el pecho, el oriundo de Berazategui se convirtió en el motor e ídolo indiscutido de Estudiantes, símbolo en la mitad de la cancha. Su lugar en el mundo.
En diciembre de 2008 se le escapó la Copa Sudamericana en manos del Inter de Porto Alegre y apenas unos seis meses después, tuvo la revancha en el Mineirao frente al Cruzeiro. Esa noche mística, el Chapu raspó tobillos como nunca, dejó el alma en cada pelota dividida y alzó la tan ansiada Copa Libertadores de América.
Con la cuarta copa, Estudiantes logró pasaje al Mundial de Clubes. Algo impensado para muchos, pero Rodrigo Braña, aquel jugador nacido de las inferiores de Quilmes, que pasó por el Mallorca B de España y Unión de Santa Fe tenía como horizonte enfrentar al mejor equipo del 2009, el Barcelona y marcar a jugadores de la talla de Xavi Hernández y Andrés Iniesta. ¿Le templaron las piernas? Sí, a los gallegos.
A un minuto estuvo Estudiantes de La Plata de la gloria y de levantar el trofeo de Campeón del Mundo, pero eso no le quitó a Rodrigo Braña el sueño de alguna vez volver. El buen nivel mostrado ese año, obligó a Diego Maradona llamarlo para la selección nacional. El debut lo hizo frente a la selección de Ghana el 30 de septiembre y hasta el último día luchaó por un lugar en la lista de veintitrés jugadores para ir al Mundial de Sudáfrica.
El Chapu mientras tanto agacha la cabeza y sigue corriendo. No se cansa. Traba, mete, pone el cuerpo. Se tira al piso, se levanta. El Chapu no marca, te come los tobillos Hace su trabajo. Grita, ordena, se pelea y ahora hace goles ¡y de mitad de cancha! Todo eso con la roja y blanca puesta. El Chapu es pincha, sudor y garra.
Por Juan Manuel Sáenz


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